22 abr 2010

ENTENDERME A MÍ MISMO NO ES FÁCIL...



No es fácil entenderme cuando nunca suelo mirar atrás buscando analizar mis errores, cuando nunca suelo hacer balance del pasado, cuando suele encerrarme en mi mundo o cuando suelo permanecer callado, cuando me cuesta abrirme a la gente. Todo tiene un por qué, hasta lo más nimio que se recuerdes. Pero también sé que estoy hecho de retazos de algo que no sé si existe o que preferí inventar por miedo a que no fuera real. Tengo miedo a que nada exista pero también a que todo se configure por el ahora, el presente, porque todo lo que somos viene de atrás, aunque parezca que nos guste tenerlo escondido. 

Ocurre que pensar, reflexionar y echar la mirada atrás te lleva a rememorar, no sin antes tener que borrar las lágrimas de tus ojos, mil situaciones en las que fui mi  propio verdugo, en lo que soy y en lo que tengo. Resuelta que, en ocasiones, no quiero entenderme, no quiero echar la vista atrás, como nadie más lo puede hacer, para plantearme las cosas. Si acerté o me equivoqué. Si tome la decisión correcta en su momento o no.

Soy consciente de que el tiempo transcurre agotando los segundos, no sin antes hacerme repasar mil instantáneas que quedan grabadas no sólo en mi retina, sino en mi corazón, a fuego. Duele saber que los años pasan como si nada, que no queda nada de ellos, ni de lo pasado o lo vivido y que todo lo que aprendimos o los errores cometidos no sirvieron para nada. O quizás sí, pero no encuentro la manera de valorarlo.

Víctima nunca quise ser, y por mi parte siempre faltaron las explicaciones y sobraron los motivos (que diría Sabina), esos que yo asumí y de los que no me puedo quejar. Será que nunca quise comprender, y así he ido arrastrando mil y una tonterías que parece que se convierten en mi pesadilla, pero insisto, el ahora, el ayer inmediato y el momento futuro no se pueden comprender sin todo lo que soy y también lo que he sido.

No exagero, no miento. Me gustaría que la gente me entendiese. Que profundizara más allá de la primera imagen (en ocasiones, también de la segunda). Aunque es difícil, cuándo he sido yo el que menos he hecho para comprenderme. Pero parece que no todos merecemos lo mismo. Hay quien merece respeto a sus decisiones, comprensión e incluso perdón y los habemos con menos suerte, porque no recibimos cuando hemos dado mucho, aunque haya sido porque así lo hemos querido. Pero claro que esperamos recibir lo mismo o la mitad de lo que un día dimos.

Quizás son muchas más las cosas que vienen a mi mente, pero quizás no vale toda una vida para hacer ese recuento.


En fin, la vida…

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo siempre digo que cuando asumes tu rol, estás perdido. Es cuestión de saber rescatarse. Rompe. No hay más.